Translate

lunes, 7 de septiembre de 2026

AÑO 1888: DECLAMACIÓN SOBRE LAS TENSIONES IDEOLÓGICAS DE LA POLÍTICA EN ESPAÑA Y FRANCIA".

GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, FOLCLORE, HISTORIAS, PATRIMONIOS, Y PAISAJES DE LA PROVINCIAS DE ESPAÑA:

"AÑO 1888: DECLAMACIÓNES SOBRE LAS TENSIONES IDEOLÓGICAS DE LA POLÍTICA EN ESPAÑA Y FRANCIA".

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL... ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B. cronista histórico).

- (En homenaje a mi tierra, a mi país, a sus gentes, a sus memorias y a su historia).

INTRODUCCIÓN TEMÁTICA: 

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL:

(Documento oficial N.º 1, fechado en el año 1888): 

- AÑO 1888: La Fe, Periódico monárquico (Madrid. 1876). 18/9/1888. MADRID 18 de septiembre de 1888.= SIGNOS DE REACCIÓN EN FRANCIA. Es indudable que las corrientes de opinión pública en Francia caminan ahora hacia la reacción religiosa y política, que la marea revolucionaria baja y retrocede, siendo allí ya muy acentuado un movimiento análogo al que en 1873 produjo entre nosotros la efímera dictadura de Serrano, y más tarde la monarquía parlamentaria de D. Alfonso.

- Muy lejos de nuestro ánimo confiar en los resultados definitivos de este movimiento. Una experiencia larga y dolorosísima nos ha enseñado que los pueblos modernos se fatigan de vez en cuando del juego de los revolucionarios; pero que el espíritu infernal, o lo que es igual, revolucionario, tiene previstos estos momentos de cansancio, y preparados para ellos, uno de los ardides más endemoniados de su estrategia; tales son los partidos pseudo-conservadores, cuya misión se reduce a explotar ese mismo cansancio en beneficio de la revolución.

- Si no fuese por los partidos aludidos, el movimiento reaccionario, una vez iniciado, no pararía hasta la completa restauración del orden religioso y político en los pueblos modernos.

- Pero se interponen en el camino los partidos doctrinarios, dan a los pueblos, sedientos de orden y de justicia, unas apariencias de legalidad y una tranquilidad relativa que seducen a los incautos, y merced a esto el movimiento restaurador se paraliza, y lo que es peor, se corrompe en beneficio de la revolución.

- Es la historia de siempre.

- En 1874 el movimiento restaurador hubiera llegado en España hasta el triunfo completo de las buenas doctrinas; pero vinieron los liberales-conservadores, se interpusieron en el camino, y el triunfo de las buenas ideas, la victoria de la buena causa, pareció más lejana que nunca.

- Por esto, en el funesto juego de las revoluciones, son los doctrinarios, los conservadores-liberales los que mayor responsabilidad alcanzan, y, puede decirse de ellos, sin temor de calumniarles, que son los peores.

- En Francia todo indica, hoy por hoy, que la reacción se ha iniciado, que ya es pujante, que lo avasallará todo, bien o mal dirigida... Este es el problema.

- El “boulangerismo” no es más que un fenómeno producido por el movimiento restaurador.

- La espada es uno de los atributos de la justicia. ¿Qué tiene de particular que muchos se figuren que por donde ven asomar la espada verán en seguida asomarse la justicia?

- “Le Temps”, periódico, de gran circulación en Francia, dirigido y redactado por protestantes, y republicano hasta la médula de sus huesos, que por su influencia en la opinión y por lo que se deja influir por la misma opinión tiene ciertos puntos de semejanza con El Imparcial de nuestro país, acaba de publicar un artículo, que es también signo elocuentísimo del cambio de ideas que se está ahora verificando en la vecina república:

- “Hemos pedido ayer, escribe Le Temps, una república conciliadora y pacífica... Sería muy conveniente que una benévola generosidad sucediese en la política de las Cámaras y del Gobierno al espíritu de guerra que aún allí predomina. Es necesario, de una vez para siempre, renunciar a la doctrina, en otro tiempo formulada por Pablo Bert, de la aplicación judaica del Concordato, la cual consiste en hacer de un tratado de paz un instrumento de guerra, y en herir a la Iglesia con las mismas leyes que debían servirle de garantía.

- Laméntase el periódico parisien, de la supresión proyectada por los radicales del arzobispado de Cambray, y exclama:

- “Nótese, en fin, que esta política sin franqueza y sin provecho no conduce al fin que se proponen, porque hiere, irrita y exaspera, las conciencias católicas, sin aminorar su acción en las luchas electorales.

- “Nosotros comprendemos la separación de la Iglesia y del Estado, cuando los lazos, que hasta entonces formaban su unión, pudiesen romperse, de cualquier modo, naturalmente, sin peligro para la libertad de una y para la seguridad del otro.

- “Compréndese igualmente la aplicación leal, firme y generosa del Concordato. Si los dos sistemas tienen sus inconvenientes, tienen también ciertas ventajas. Pero lo que no se concibe es el sistema bastardo, que consiste en desnaturalizar el Concordato, en guardar, en una palabra, a la faz del mismo todas las obligaciones de la paz, haciendo sufrir todos los peligros de la guerra.

- No comprendemos que el Gobierno no tenga como nosotros, sobre este particular, el sentimiento de las medidas que la situación ordena.

- Esperamos que la Cámara y la opinión pública sustentarán esta doctrina, y por necesidad no podrán menos de entrar en el camino de las relaciones pacíficas y tolerantes, que es también el de la tolerancia pacifica

- Hace algunos años Le Temps aplaudía y alentaba la campaña anticlerical de Julio Ferry, iniciada por Gambetta.

- ¿A dónde llegará el movimiento restaurador en Francia? Nadie puede adivinarlo; pero nadie tampoco puede hacerse muchas ilusiones.

- Otra cosa seria si en Francia existiese un partido católico y monárquico sólidamente constituido y vigorosamente organizado.

- Este partido, aleccionado por las desgracias de todo un siglo, comprendiendo ya perfectamente el juego de los revolucionarios, por poca habilidad que desplegase en los instantes críticos, no permitiría que un partido pseudo conservador se aprovechase en su beneficio y en el de la revolución de las corrientes restauradoras, sino que dirigiría éstas a su término natural, esto es, al triunfo completo del orden religioso y político; siendo de presumir que una vez gustados por los pueblos los frutos de este orden admirable, ya no querrían jamás salir de él, de donde resultaría el triunfo, no sólo completo, sino definitivo.

- Pero, por desgracia, en Francia no existe ese partido, y aun puede añadirse que jamás existió.

- Durante la desgraciada y gloriosa vida del inolvidable conde de Chambord, de aquel gran caballero de la Religión y de la patria, de aquel representante legítimo de las tradiciones católicas monárquicas de los franceses, mil circunstancias funestas, hijas unas de la fuerza de los acontecimientos, producidas otras por la malicia de los hombres, impidieron constantemente la formación y desarrollo de ese partido que hubiera salvado a la Francia.

- El grupo de los que a sí mismos se llamaban católicos, pretendiendo monopolizar tan hermoso nombre, fue sin duda uno de los mayores obstáculos, el más insuperable quizás, que el conde de Chambord encontró en su camino de salvación.

- Esos católicos, divididos en dos bandos, los católico-liberales de Dupanloup, Montalembert y Lacordaire, y los “católicos intransigentes”, cuyo representante más ilustre fue el elocuentísimo Veuillot, jamás quisieron reconocer franca y lealmente que la única manera de restaurar en Francia las tradiciones católicas, era restablecer la monarquía legítima; nunca quisieron confundirse con los defensores de esta monarquía, y si alguna vez marcharon unidos con ellos, la unión no llegó jamás a constituir un verdadero cuerpo organizado.

- Cierto es, sin embargo, y la justicia exige reconocerlo, que allí no engañasen, ni trataron de engañar a nadie, fingiéndose tradicionalistas cuando así convenía a sus intentos, ni mucho menos se dedicaran a insultar, escarnecer y vilipendiar a los defensores de la legitimidad, como lo han hecho y siguen haciendo en España sus similares falsificados.

- En cambio, en Francia fue su influjo en los acontecimientos mucho mayor que en España. Allí la tradición monárquica era menos viva, menos fuerte que en España; y por otra parte tampoco se mostraba tan clara y elocuentemente como entre nosotros la profunda unión del Catolicismo con el principio de la realeza legítima.

- Exceptuando algunas provincias, ni muy extensas, ni muy populosas, ni muy ricas, las masas populares habían olvidado en Francia enteramente la tradición monárquica; la cadena de oro de la legitimidad no se había roto, es cierto; pero el corcel de guerra de Bonaparte había pasado sobre ella, arrollándola.

- El legitimismo se conservaba principalmente en aquella región elevadísima de la sociedad francesa, que por su misma elevación es inaccesible a la multitud. Se matizó del color gris oscuro de las decadencias aristocráticas, y tomó en ciertos momentos un aspecto siete-mesinesco por su misma elegancia enteramente cursi, poco favorable a su desarrollo, con gentes que se disfrazan de lagartos por Carnaval, no se restablece el orden cristiano en las sociedades modernas.

- Nada de esto, sino todo, al contrario, en la nación española. Aquí aparece clarísimo, con la claridad de la evidencia, la alianza del principio monárquico.

- Aquí los representantes del principio político simbolizado en Francia por el conde de Chambord, han puesto siempre la cruz, no sólo sobre la corona, sino sobre el corazón.

- Aquí el tradicionalismo no ha sido, ni es otra cosa en su esencia, sino una aplicación de las doctrinas católicas al orden político.

- Por otra parte, el partido tradicionalista español es un partido esencialmente popular, y carece por lo tanto de los defectos que el legitimismo francés siempre presentó en su organización interna.

- De aquí que, aunque en España se haya intentado muchas veces la constitución del grupo de los católicos a secas, con la sana intención de perturbar y destruir el partido tradicionalista, el proyecto no pasó nunca, ni es probable que pase jamás, de nuevo conato.

- La experiencia de estos últimos tiempos lo demuestra.

- Ayer, con el pretexto de unión católica, hoy con el pretexto de integridad católica, ayer los “mestizos”, hoy los “íntegros”, ¿Qué consiguieron, ni qué consiguen? Ponerse en ridículo, y nada más. Y mientras tanto, la gran comunión tradicionalista sigue su majestuoso camino.

(Documento oficial N.º 2, fechado en el año 1888): 

- AÑO 1888: La Fe periódico monárquico (Madrid. 1876). 18/9/1888:

- Pero en Francia, intransigentes y católico-liberales, que corresponden perfectamente a nuestros íntegros ó mestizos (ó mejor dicho, éstos corresponden a aquellos, de los que son copias mal hechas), consiguieron esterilizar los esfuerzos generosos del gran conde de Chambord.

- Después de la muerte de éste, la confusión se ha apoderado de lo poco que había reunido alrededor del blanco estandarte flordelisado; y un milagro patente de Dios sería necesario para que de repente surgiese, no se sabe de dónde, un partido poderoso capaz de restaurar el orden cristiano en la sociedad francesa, y la consecuencia probable, casi segura de esa falta, será que la corriente restauradora sea de nuevo aprovechada por un partido conservador... del liberalismo. Esto es, la continuación y un nuevo triunfo del espíritu revolucionario.

(Documento oficial N.º 3):  

- La Fé fue un diario carlista español editado entre los años 1875 y 1891 en Madrid durante la Restauración alfonsina. En un principio trató con respeto el proyecto de Unión Católica preconizado por Alejandro Pidal (aunque no se integraría en su partido), razón por la que se enemistó con su correligionario El Siglo Futuro y la corriente integrista defendida por este.

- La Fe (1875-1891): Desautorizado por Don Carlos en 1881, el diario "La Fe" se mantendría en los márgenes del carlismo hasta fundirse en "El Correo Español" en 1891, defendiendo una posición crítica respecto a la línea oficial, si bien en 1888 vería reforzadas sus posiciones al ser expulsado del carlismo "El Siglo Futuro".  

- "La Fe" vio la luz en 1 de diciembre de 1875, bajo el subtítulo de "Periódico monárquico". 

- "La Fe, Periódico monárquico", fue el sucesor de "La Esperanza" (1844-1874), diario oficioso del carlismo durante el reinado de Isabel II y el "Sexenio Revolucionario".

ADDENDA, ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN EMILIO PRADES):

- La Dictadura de Serrano, fue un régimen político que duró casi todo el año 1874 en España, en la práctica fue un intervalo entre la Primera República y la Restauración borbónica (Alfonso XII).

- Monarquía parlamentaria de don Alfonso XII.

El "boulangerismo" o "boulangismo" fue un movimiento político nacionalista francés nacido a finales del siglo XIX (1886-1891) que constituyó una amenaza para la Tercera República francesa. Su nombre deriva del general Georges Boulanger, militar que fue nombrado ministro de Guerra, y alcanzó gran popularidad por sus reformas, e inquietó al Gobierno por sus discursos bélicos. La base ideológica de este movimiento político se basaba en la descentralización, el regionalismo, el localismo, el populismo de derecha, el obrerismo, el laicismo, la antidemocracia, el anticapitalismo, el anticomunismo, el antisemitismo racial, el corporativismo, el sindicalismo, la autocracia, el socialismo nacional, el nacionalismo revolucionario y el republicanismo federal.

BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

ARCHIVO FOTO-IMAGEN: 

Imágenes cedidas por J. E. Prades Bel.  

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario